Boca venció a Barcelona y volvió a sentir el sabor de una noche de Copa Libertadores en la Bombonera
Después de dos años de no participar en la etapa de grupos en su casa, disfrutó un 3-0 que lo impulsa antes del superclásico

Se hizo esperar. Fueron 413 días en los que pasó de todo: una eliminación que dolió a manos de Alianza Lima, un golpe en el clásico frente a River que terminó marcando un final de ciclo, interinatos, cambios de rumbo, la llegada de Miguel Russo, un Mundial de Clubes, el regreso de Leandro Paredes, la asunción de Claudio Ubeda y hasta una proyección de una Bombonera distinta. Demasiado tiempo para un equipo que hizo de la Copa Libertadores su hábitat natural.
Y, sin embargo, la pausa tuvo sentido. Porque Boca volvió a su casa en el torneo que lo obsesiona de la forma que sus hinchas deseaban, sostenido más en su mística que en su juego, pero con la personalidad necesaria para quedarse con un triunfo importante. Ante Barcelona, de Ecuador, en la antesala del superclásico, hilvanó su partido invicto N° 12 y mostró una versión que, aun con altibajos, invita a creer que el equipo empieza a parecerse a lo que su historia le exige.

Boca construyó una victoria trabajosa en un típico partido de Copa, de esos en los que la superioridad no alcanza y que obligan a dar algo más. El equipo, es cierto, no sostuvo el nivel de los últimos encuentros, pero, tras un inicio titubeante y el impacto que implicó la lesión de Agustín Marchesin, terminó de entender cómo debía jugarlo.
Primero, intentó progresar a partir de la circulación, pero se encontró con un rival que mordió en todos los sectores y que fue rápido para contragolpear, desnudando ciertas desinteligencias en el fondo. De hecho, en el primer cuarto de hora fue el conjunto dirigido por César Farías el que leyó mejor el partido: llegaba con peligro en pocos toques.

Entonces, Boca comprendió que debía ir por un camino más directo: saltear líneas cuando hiciera falta y sumar gente en ataque, resignando algo de orden pero ganando peso ofensivo. El primer gol fue una muestra clara: tras una pelota parada en favor, Lautaro Di Lollo se quedó en el área y, luego de un centro de Lautaro Blanco, conectó de cabeza. A partir del 1 a 0, que llegó a los 39 minutos, el equipo creció: antes había tenido algunas llegadas esporádicas, pero sin un dominio claro. En ese tramo, Miguel Merentiel tuvo una clara: enganchó y su remate salió desviado. El uruguayo no logró cortar la serie de ocho partidos sin marcar por Libertadores.
En una Bombonera atestada –hubo un pulmón en la tercera bandeja para aislar el sector del público ecuatoriano–, jugó muchas veces al ritmo de la gente, y eso le hizo perder la forma: apresurado en el comienzo, algo impreciso por momentos y nuevamente sólido en el tramo final.

El primer tiempo quedó condicionado por la lesión de Marchesin, que había vuelto de un desgarro en el partido del sábado contra Independiente y que, en su regreso a la Libertadores luego del recordado episodio contra Alianza Lima –cuando sugirió ser reemplazado antes de la tanda de penales–, salió lesionado en el inicio. “Me rompí la rodilla”, alcanzó a decirles a los médicos, tomándose la pierna derecha. Este miércoles se realizará estudios; el panorama no pinta bien.
En la segunda parte Boca mostró otra faceta: sacó provecho de un rival que precisaba sumar en Buenos Aires tras la derrota como local en el debut a manos de Cruzeiro, abandonó la línea de cinco defensores con la que había iniciado y dejó espacios a espaldas de sus volantes. Ahí creció Tomás Aranda, algo apagado en la primera mitad, y con Leandro Paredes como lanzador el equipo encontró mayor profundidad gracias a las diagonales de los delanteros. Merentiel tuvo otra vez el gol al comienzo de la segunda mitad, pero perdió el duelo con José Contreras, que poco después le tapó otro mano a mano a Aranda, que no llegó a definir cruzado.

A medida que avanzaba el reloj, la ventaja parecía quedar cada vez más corta, inquietaba. Es que, si bien Barcelona se diluyó y casi no puso en aprietos a Leandro Brey, el reemplazante de Marchesin, el clima no fue el mismo después de las chances desperdiciadas. El desarrollo pedía piernas y cabezas frescas, pero ya se había gastado un cambio –y una ventana– con la salida del arquero, por lo que Ubeda, entre la necesidad de sostener a los titulares y el escaso margen de maniobra, esperó hasta los últimos 20 minutos para mover el banco de suplentes.
Boca volvió a tener en Paredes a uno de sus puntos más altos. Pese a haber jugado apenas dos partidos de Libertadores, el capitán se movió como si llevara años en la competencia. Marcó los tiempos, controló el desarrollo, jugó a la sombra del árbitro y aplacó los ánimos cuando el equipo se mostraba apurado.
Compacto de Boca 3 vs. Barcelona (Ecuador) 0
Cuando el partido se cayó, el público aprovechó para jugar su clásico, en la antesala del duelo en el Monumental, y Ubeda, en busca de aire y de ese gol que diera tranquilidad, mandó a la cancha a Exequiel Zeballos, con la mirada también puesta en el domingo. El 2 a 0, obra de Santiago Ascacibar, llegó también por arriba, y el tercer tanto, de Ander Herrera, que marcó su primer gol en Boca, le puso el moño a un triunfo que vale por dos: por lo que el equipo brindó en la cancha en una noche especial, y por el envión con el que llega al superclásico.