Boca jugó su mejor partido del año y goleó a Lanús por el Torneo Apertura: doblete de Merentiel para darle respaldo al ciclo de Úbeda

Arrancó Boca. La noche en el Néstor Díaz Pérez puede quedar marcada para el resto del semestre (¿y del año?) del equipo que conduce Claudio Úbeda, que con el 3-0 en el bolsillo ante el campeón de la Copa Sudamericana y de la Recopa se renovó el contrato. El triunfo de Boca, que dio por terminada la racha de cuatro partidos sin victorias en el Torneo Apertura (derrota con Vélez y tres empates al hilo en la Bombonera ante Platense, Racing y Gimnasia de Mendoza) puede ser considerado como un quiebre, una fractura en el tiempo y en el espacio de un equipo que acumulaba dudas y en una sola noche encontró todas las soluciones que necesitaba.
Pero además, todavía tiene mucho margen para mejorar. Porque algún día volverá a estar disponibles Exequiel Zeballos, entre otros. Ante Lanús confirmó que será candidato y que encontró la forma que buscaba para pelear también en la Copa Libertadores. Aunque todavía falta.
Es cierto que Lanús llegaba agotado mental y físicamente tras la serie ante Flamengo -no solamente por los galones de alcohol en sangre que habrán recorrido los cuerpos de los jugadores en los festejos- y sin dos de sus principales figuras: Rodrigo Castillo, que fue vendido a Fluminense, y Marcelino Moreno. Pero no dejaba de tratarse del campeón sudamericano y vencedor del poderoso Fla en el Maracaná. Pero Boca lo arrolló.
El conjunto de Úbeda jugó un partido prácticamente perfecto. Mucho tuvo que ver el entrenador, que cambió el sistema y apostó por el pibe Aranda, gran figura del equipo aunque detrás de Miguel Merentiel, únicamente porque marcó dos de los tres goles. Boca jugó con Aranda suelto, flotando sobre la izquierda. Y el pibe bailó por el césped. Tiene una técnica envidiable y una gambeta indescifrable.

En el inicio del segundo tiempo, le quebró la cintura al Cali Izquierdoz y lo dejó sentado en el pasto. Después pateó débil de zurda, tal vez la faceta de su juego que debe mejorar (venía de fallar tres jugadas claras ante los mendocinos). A pesar de ello, el chico la rompió y le da aire al medio porque ahora cuando Leandro Paredes levanta la cabeza tiene a quién darle un pase hacia adelante. Su ingreso fue clave para el equipo. Lo mismo que la llegada de Adam Bareiro: fundamental un 9 con oficio para pelear todo el partido con su compatriota Canale, un ropero con camiseta granate.
Pero además, toda la maquinaria Boca funcionó como un reloj. Porque esta vez Ascacíbar le agregó gol a su dinámica y abrió el marcador con una volea que se desvió en el central guaraní y después corrió por toda la cancha. Los centrales -Di Lollo y Costa- se comieron a Bou y fueron criteriosos para jugar sin correr riesgos. Milton Delgado es una máquina de recuperar pelotas y es rueda de auxilio permanente para Paredes (parece que el Sifón encontró la forma de rodear al capitán). Y ahora sí todo fluye, todo se vuelve fácil y el gol llega. Porque al uruguayo Merentiel se le abrió el arco y sumó un doblete al golazo que había marcado ante Gimnasia. El primero tras capturar un rebote de Losada y conectar de cabeza para el 2-0 (gran jugada de la sociedad Blanco-Aranda por la izquierda) y el segundo con una hermosa definición tras quedar mano a mano luego de un pase precioso de Paredes.
Otro punto alto del equipo. El campeón del mundo recuperó su precisión, pero sobre todo su inteligencia para jugar (Carlos Bianchi había destacado la importancia de tener jugadores inteligentes en un plantel). Paredes manejó al equipo, condujo a Boca y con Delgado y Ascacibar, más el fundamental aporte de Aranda, todo se le hizo más fácil.

La noche, en Lanús, se fue con el duelo de hinchadas. Y esta vez será interesante escuchar la opinión de los hinchas. Como pasa en la Bombonera, cuando influencers, youtubers y cronistas de TV oportunamente van a poner el micrófono a la salida. ¿Qué dirán ahora? Tampoco hay que marearse, porque no son todos unos fenómenos cuando ganan ni unos perros cuando los resultados no se dan. La temporada recién arranca y falta mucho camino por recorrer.
Y párrafo aparte para la gente de Boca. No hubo nada épico en que los hinchas coparan el estadio de Lanús, sino que los que lo hacen son los que están dispuestos a pagar 100.000 pesos por una popular. Porque en la Bombonera también hay una grieta entre los que se impacientan, insultan y silban -desde las plateas- y los que alientan desde atrás de los arcos. En Lanús, los jugadores de Boca se movieron sin esa presión, pero con el apoyo de su gente. Y ahora todas son sonrisas.
