Países Bajos estuvo dos veces en ventaja, pero Japón reaccionó y tuvo el premio del empate
En un segundo tiempo repleto de emociones en Dallas, el 2-2 mostró lo mejor de ambos cuando se decidieron a atacar

De la cautela al vértigo. Del estudio al golpe por golpe. Hubo que esperar para que Países Bajos y Japón armaran el partido que cabía imaginar, de acuerdo con los antecedentes de ambos. Los pacientes tuvieron recompensa. Decepcionaron en el primer tiempo y mantuvieron a los hinchas levantados de sus asientos en el segundo. Terminó siendo un encuentro de categoría mundial. Fue 2-2, con un rictus de lamento para la selección de Ronald Koeman, porque estuvo dos veces arriba en el marcador y no aguantó. Le faltó ser más sólido en defensa y filoso en el contraataque. Japón fue reconocible: luchó y corrió en la adversidad, y también tuvo recursos técnicos, sobre todo en Kubo y en el ingresado Ito, para completar su propuesta.
El empate final refleja la paridad de fuerzas en una jornada donde la estrategia inicial cedió paso al despliegue emocional. Los goles modificaron la estructura táctica, también muy influenciada por los cambios en el segundo tiempo, y el desarrollo se tornó un intercambio de golpes. El 2-2 deja la puerta abierta para el resto del grupo y confirma que, en el fútbol actual, la intensidad física y la respuesta psicológica pesan tanto como la jerarquía técnica individual. Los jugadores neerlandeses, acostumbrados a movilizarse como un bloque sólido, sintieron la presión de un rival que no conoce el significado de entregarse.
Países Bajos tuvo chispazos en Summerville, Malen y Gakpo; le faltó más espesura en el juego de sus volantes (De Jong, Gravenberch y Reijnders). Japón fue solidario colectivamente y contó con dosis del ingenio de Kubo y Maeda. Ambos dieron un primer paso, se sienten en carrera para avanzar en el Mundial.
El compacto del vibrante 2-2 en Dallas

