Boca y otro papelón que no tiene explicación: quedó eliminado de la Copa Libertadores y la Bombonera exigió “que se vayan todos”

Es difícil saber en qué momento se quebró el Boca de Claudio Úbeda y Leandro Paredes. ¿Habrá sido en Belo Horizonte? ¿Bajo la lluvia de Guayaquil? No está muy claro, pero el equipo se despide demasiado rápido de la Copa Libertadores y deja una sensación ambivalente: ¿mereció pasar a octavos de final? La derrota de local ante el modesto Universidad Católica de Chile parece argumento suficiente. Pero hay más, porque en el repaso desde 2007 hasta este jueves negro hubo otro momento de quiebre que también es difícil de ubicar en la línea de tiempo: ¿en qué momento Boca perdió la mística?
Con la camiseta del bicampeón del 2001, Boca tenía que ganarle a la Católica para pasar a octavos, pero no le hizo ni cosquillas y encima perdió 1-0 por el golazo de Clemente Montes, que en la primera contra que tuvo se generó el espacio desde la izquierda hacia el centro para sacar un derechazo que dio en el palo y se metió en el arco de Brey. Impecable e inobjetable.
¡¡GOLAZO DE CATÓLICA QUE QUIERE OCTAVOS!! Gran remate de Montes de afuera del área para el 1-0 de U. Católica vs. Boca.
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— SportsCenter (@SC_ESPN)May 29, 2026
Lo concreto es que el fuego interno de Boca que ardía después de los triunfos en Chile, en el Monumental y ante Barcelona en la Bombonera, se extinguió de golpe con la derrota ante Huracán por los playoffs del Apertura y el empate ante Cruzeiro. Los protagonistas de esta historia tendrán que explicar qué fue lo que pasó.
Paredes bajó su nivel en picada en el último mes y ante los chilenos -además- dejó en evidencia que no estaba al cien desde lo físico: en la entrada en calor se tocó el posterior derecho, a los cinco minutos del primer tiempo le hizo un gesto al entrenador -que mandó a calentar a los suplentes- y en el segundo tiempo terminó jugando de último hombre. Así llegará al Mundial, tocado.
La sensación del cierre del partido fue parecida a lo que se vivió con Alianza Lima. O peor, porque la gente ya se acostumbró a perder. Se acostumbró a que el equipo la deje a pata. Porque lo que se vio es que no hubo respuestas desde el campo de juego. Desde el inicio del partido. Nunca un jugador de Boca logró ejecutar un remate franco al arco bien defendido por Vicente Bernedo. Un rival que ganó el grupo, pero que -como se dice en la jerga- no tiene nada.
Tampoco Boca tiene, hay que ser honestos. El súper equipo que en abril arrasaba, en mayo se arrastró y cerró un semestre en el que encendió la ilusión y después le tiró un balde de arena. Y mereció cada uno de los silbidos del final. Porque más preocupa la actitud de los jugadores. No la sintieron.
Y si era el último partido de Zeballos (lo quiere el Napoli), poco hizo para ser recordado. Y si Paredes volvió a Boca para jugar la Libertadores, fue muy poco inteligente para navegar los momentos complejos de un torneo que no da segundas oportunidades y no perdona. Y siguen las firmas y las lesiones: cayeron Marchesín, Bareiro, Merentiel (entró un ratito), Ascacibar (suspendido con causa por dos fechas); a Velasco le quedó gigante el traje, Delgado hizo lo que pudo; y Milton Giménez fue el blanco de la gente por su impericia para casi todas las facetas del 9: falló en el cuerpo a cuerpo, en el juego aéreo y en la definición.
¿Y desde el banco? Se terminaron las respuestas de Claudio Úbeda y el ciclo está terminado. El Sifón, que llegó como ayudante de campo de Miguel Russo y heredó el equipo, cosechó otra eliminación dolorosa y se quedó sin gas. Aquella inexplicable ante Racing, cuando sacó a un Zeballos que volaba; la de Huracán (3-2 en casa) y ahora con Universidad Católica en la fase de grupos de la Copa Libertadores.

Para Boca, el consuelo está en que en el segundo semestre podrá disputar la Copa Sudamericana. Pero ese torneo también podrá convertirse en un infierno si no logra superar los playoffs para entrar a octavos de final. Su rival será O’Higgins y definirán en Chile. El peor de los pecados de Boca, sin embargo, es que no compitió como su historia se lo demanda.
