Gobernadores vs Cristina Kirchner: la reforma laboral de Javier Milei reaviva las internas del peronismo en las provincias

Los mandatarios negocian el proyecto en medio de sanciones a dirigentes del PJ de Jujuy y Misiones. Más tensión por la sucesión bonaerense y una alianza al borde de la quiebra en Tierra del Fuego.
«Como no me pueden ganar las elecciones, suspendieron cuatro veces la interna. Hace 25 años que no hay internas en Jujuy», comentó Moisés a Ámbito. Coincidió, a la vez, con la posición de Sáenz: «Cristina no puede manejar autoritariamente el partido, porque llegó por una lista única, volteando la lista de Quintela y quedándose con una sola facción del peronismo que es el kirchnerismo hoy dominado por La Cámpora. La Cámpora es lo peor que le pudo pasar al peronismo».
Como contó este medio, ya había ocurrido algo similar en el justicialismo misionero, donde tres dirigentes, entre ellos el diputado nacional Alberto Arrúa, fueron suspendidos. En tierra colorada, muchas figuras del peronismo forman parte del gobierno del Frente Renovador de la Concordia (FRC) que hoy encabeza Hugo Passalacqua y que tiene como hombre fuerte a Carlos Rovira. El FRC mantiene un pacto velado con la gestión libertaria y suele acompañar sus iniciativas en la arena legislativa. Allí el PJ tendrá internas el 19 de abril.
En cuarteles cristinistas defienden las sanciones denunciando el alineamiento que diversas figuras peronistas mostraron con la administración de Javier Milei, acompañando distintos proyectos tanto en el Congreso como en otros escenarios, una visión distinta a la oposición frontal que plantea la línea CFK. Moisés, por caso, había votado a favor del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) y, más recientemente, del Presupuesto 2026 en la Cámara alta.
En los hechos, su ruptura con el bloque que comanda José Mayans se oficializó a principios del 2025, cuando ella y el catamarqueño Guillermo Andrada, el riojano Fernando Rejal y el puntano Fernando Salino fundaron «Convicción Federal», una bancada con terminales directas en los gobernadores Raúl Jalil, Gustavo Sáenz, Ricardo Quintela y Osvaldo Jaldo (luego se sumó la tucumana Sandra Mendoza). También junto a figuras del justicialismo reactivas al kirchnerismo, como el exmandamás de San Luis Alberto Rodríguez Saá.
El juego de los norteños en el peronismo
Pese a las diferencias, Jaldo y Jalil se mantienen dentro de la órbita del PJ oficial. De hecho, ambos compitieron con listas de unidad con sectores K en las elecciones legislativas de octubre, más por una cuestión de supervivencia mutua que por simpatías cruzadas. La jugada fue efectiva: los dos lograron contener la ola violeta y se impusieron en sus terruños. Sin embargo, la sintonía no pasó de las urnas. Al poco tiempo, el líder catamarqueño rompió con Unión por la Patria en Diputados y formó el bloque Elijo Catamarca.
Sáenz, por su parte, ya se movía por fuera del continente celeste. Su derrotero político derivó en un aventura de tintes provincialistas llamada «Primero los salteños», donde confluyen diversos sectores que van desde el peronismo hasta fuerzas locales, entre otros. En 2026 fue desafiado por Cristina, quien ungió a Juan Manuel Urtubey como su candidato para pelear por una senaduría. La reyerta quedó en manos de los libertarios y el mandatario consiguió la banca por la minoría, hoy en manos de Flavia Royón. Urtubey, tercero, se quedó sin nada.
En líneas generales, el trío de caciques norteños se mostró abierto a acompañar la reforma laboral, aunque advirtió la necesidad de encontrar mecanismos para compensar a las provincias por las pérdidas en la coparticipación federal que implicarán los cambios en el impuesto a las Ganancias. Una de ellas, propusieron, es coparticipar el impuesto al cheque. Santilli se comprometió a analizar la idea, aunque el tiempo corre.
Otros gobernadores del peronismo, como Axel Kicillof (Buenos Aires), Sergio Ziliotto (La Pampa) y el riojano Quintela, mantienen su postura intransigente ante Milei, pero tampoco reportan a Cristina. Los últimos dos decidieron desmarcarse del sello Fuerza Patria en los comicios de octubre y jugaron con escuderías de nombres autóctonos.
Pulseada bonaerense y tensión fueguina
La tensión no es menor en territorio bonaerense, donde por estos días se define el futuro de la conducción del PJ local, hoy en manos de Máximo Kirchner. En las últimas horas, Kirchner dejó trascender que está dispuesto a que Kicillof encabece el partido si eso implica evitar una interna. «Lo más lógico es que el presidente del partido sea el gobernador», deslizaron en el Instituto Patria. La jugada tiene como subtexto desactivar la candidatura de la vice provincial Verónica Magario, fogoneada desde La Plata. Magario genera recelos en el campamento kirchnerista.
«Pura operación», respondieron lacónicos desde el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), donde adujeron no haber recibido la ofrenda de paz. En sus despachos leen que el cristinismo se ve perdedor en la pulseada, por lo que sus comandantes intentan salir del laberinto por arriba. El kicillofismo quiere una conducción partidaria fuertemente encuadrada detrás del primer magistrado. El 8 de febrero es el Día D, porque vencerá el plazo para anotar las listas.
No menos álgidas están las cosas en el sur, donde el frente del gobernador fueguino, Gustavo Melella, con el camporismo empieza a resquebrajarse. A la delicada situación de las arcas provinciales se sumó la semana pasada la intervención del puerto de Ushuaia en manos de Nación, que se quedó con la administración de la caja. El hecho desató un nuevo cortocircuito entre la Casa Rosada y el mandatario austral, que pertenece a la coalición FORJA, histórica aliada del peronismo aunque autónoma del PJ.
El año pasado, la coalición oficialista de Tierra del Fuego se partió con las fugas de los intendentes de Río Grande, Martín Pérez, y Tolhuin, Daniel Harrington. El alcalde de Ushuaia, Walter Vuoto, en cambio, se mantuvo en el armado. Pero la alianza quedó al borde del abismo días atrás, cuando Vuoto denunció públicamente «un recorte por decreto de los fondos que recibe Ushuaia».
«Resulta particularmente llamativa la forma en que se adoptó esta decisión: sin instancias de consulta, sin diálogo previo y sin conversaciones con las autoridades municipales que gestionan cotidianamente la ciudad», se quejó el jefe comunal. Las cosas entre el municipio y la provincia ya venían tirantes. Ahora «está todo roto», como sintetizó una fuente local a Ámbito.



