Un ex preso político del chavismo contó cómo encontró a Nahuel Gallo

Yaacob Harary relató su experiencia tras 15 meses en la cárcel venezolana. Durante una semana convivió con el catamarqueño.

 

Luego de recuperar su libertad, Yaacob Harary, uno de los presos políticos del régimen chavista en Venezuela, relató su paso por la cárcel El Rodeo I y contó cómo vio al gendarme catamarqueño Nahuel Gallo durante la semana que compartieron celda en el pabellón C. El arquitecto y productor de alimentos de 71 años describe a Gallo físicamente fuerte pero profundamente afectado en lo anímico. «Lo único que le interesaba era mantenerse activo, correr, hacer ejercicio», recordó Harary.

Añadió que, cuando podían salir al patio, el uniformado argentino corría sin parar o jugaba al básquet, además de que tenía dificultades para dormir y mostraba un alto nivel de ansiedad. En la celda, Gallo hablaba reiteradamente de su esposa y de su hijo, con el deseo constante de salir y reencontrarse con su familia. Un detalle que Harary considera revelador: el gendarme era el único preso al que filmaban de manera regular mientras le entregaban la comida.

El empresario interpreta esas grabaciones como «pruebas de vida» solicitadas desde el exterior, posiblemente como parte de negociaciones políticas. Harary pasó 15 meses y tres días detenido. Llegó a Venezuela en octubre de 2024 junto a su socio venezolano Douglas Javier Ochoa, de 44 años, quien continúa preso. Habían cruzado desde Colombia por Arauca con un proyecto empresarial: instalar una fábrica de productos lácteos similar a la que tenía en Panamá y desarrollar un emprendimiento agropecuario. Los detuvieron el 8 de octubre.

Sin pruebas, los acusaron de terrorismo y financiamiento del terrorismo. «Nunca se nos explicó formalmente el motivo de la detención. El proceso judicial fue una puesta en escena, sin garantías legales ni derecho a defensa efectiva», asegura el sanjuanino. Dentro del penal les asignaban identidades falsas y los obligaban a firmar con esos nombres para cualquier trámite, atención médica o entrega de alimentos.

«Los presos políticos extranjeros éramos utilizados como prendas de cambio en negociaciones con otros gobiernos», sostiene Harary. Su testimonio coincide con análisis regionales que señalan el incremento de detenciones arbitrarias de ciudadanos foráneos en Venezuela como táctica de presión diplomática.

Las condiciones de detención eran extremas. Celdas de poco más de metro y medio por cuatro metros, sin luz ni agua corriente, con una letrina en el piso y una cama de cemento con colchoneta mínima. El lugar estaba infestado de insectos y el agua potable debía racionarse para todo el día. La alimentación era deficiente y repetitiva: arepas, arroz bañado en aceite y porciones mínimas de proteínas.

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