El Senado le suma otra derrota a Javier Milei: pérdida de aliados, rechazo a las formas y el limbo de García-Mansilla
No prosperaron los intentos del Gobierno por voltear la sesión. Macri exhibió poder de daño y votó junto con el peronismo. Más tensión con Victoria Villarruel. Los riesgos a los que se expone García-Mansilla si se atrinchera en su cargo.

Un limbo con riesgos
Ahora, la situación es también endeble para todas las nominaciones judiciales que planteaba el Gobierno y que requieren acuerdos del Senado. Al tiempo que la Casa Rosada dañó su relación con Lijo.
No obstante, quien quedó en una suerte de limbo es García-Mansilla, quien ya juró como miembro de la Corte. Hay una parte de la biblioteca que señala que puede mantenerse en el cargo hasta, al menos, el fin de este periodo de sesiones ordinarias. Y otra parte que indica que su tiempo expiró con la caída de los pliegos. En el medio, a través de una cautelar, el juez de La Plata Alejo Ramos Padilla le agregó presión, al ordenarle que se abstenga a partir de ahora de tomar decisiones.
En paralelo, el entorno de García-Mansilla deslizó que este viernes el académico presentará un pedido a los otros jueces de la Corte para que opinen sobre su situación.
En los hechos, la decisión del Senado despeja el camino en la causa que tenía Ramos Padilla, que instantáneamente ordenó via cautelar que este juez se abstenga de intervenir en más causas en la Corte. El Gobierno (y García-Mansilla) tratará de hacer valer el decreto por el cual fue nombrado en comisión, hasta el inicio del siguiente periodo legislativo, o al menos hasta el fin de noviembre, cuando termina el actual de sesiones ordinarias.
El juez comisionado se arriesga un doble revés: que el juez federal de La Plata declare inconstitucional el decreto o, más brutalmente, que sean sus pares del máximo tribunal quienes le pidan que abandone el edificio por la puerta de Talcahuano 550.
García-Mansilla, mientras el Senado discutía su pliego, firmó unas cincuenta sentencias. Otra curiosidad: García-Mansilla obtuvo los dos tercios de la Cámara alta, pero en contra en vez de a favor. Con lo cual, su reloj de arena se dio vuelta.
Hay otra salvedad, cuando García-Mansilla firmó el rechazo de la licencia de Ariel Lijo al juzgado federal (un punto clave que le impidió a este último asumir y quedar a la espera del Congreso), también suscribió el último párrafo de la acordada que señalaba que los jueces de la Corte hacían expresa salvedad de la validez o no del decreto. En sí, estaba firmando su propia dimisión.
O bien el caso recorre todo el espinel judicial hasta llegar a la Corte u opta por una salida menos desgastante para su propia integridad. Lo cierto es que a partir de ahora si García-Mansilla desoye lo ordenado por Ramos Padilla, y con el pliego caído en el Senado, cualquier cosa que firme integrando una mayoría será susceptible de ser impugnado, lo que le crea un problema a la Corte.
Como ya mencionó Ámbito, es un solo decreto que nombró a los dos jueces, hecho que difiere de lo realizado por Mauricio Macri en su momento. Si García-Mansilla busca atrincherarse, el problema pasa a ser institucional, algo para lo cual el Senado demostró tener un reflejo de corrección.
